martes, 24 de marzo de 2015

Tema 2 Características del delincuente sexual

Tema 2
Características del delincuente sexual


Introducción
La delincuencia y la conducta criminal se han constituido en materias que generan interés de un gran número de estudiosos, dada la complejidad de factores o posibles predictores asociados a su génesis. Sus investigaciones convergen en una disciplina común que es la Criminología: ciencia integral que estudia el comportamiento delictivo y la reacción social frente al mismo, y comparte algunos conocimientos, términos e instrumentos de investigación con otras disciplinas, como la sociología, la psicología, la medicina, la biología y el derecho (Garrido, Stangeland & Redondo, 1999).
La psicología jurídica engloba varias especialidades bien diferenciadas; aparece entre ellas y como una subespecialidad claramente distinguible la psicología forense (Sobral, Arce & Prieto, 1994). De las actuaciones del psicólogo en este ámbito, destaca la práctica pericial orientada a juzgar las alteraciones del comportamiento humano y de las relaciones interpersonales, dentro del marco que propone la ley.
Cabe preguntarse ¿qué sucede con la rehabilitación? Es cierto que algunos delincuentes son muy peligrosos, pero no es menos cierto que hay quienes podrían disminuir la reincidencia si existieran programas que resultaran efectivos. En relación a la intervención y tratamiento de los delincuentes, Garrido (1993) sostiene que es necesaria, desde el punto de vista del bienestar de los internos, de la sociedad y de los propios funcionarios penitenciarios.
Reconociendo la importancia de abordar el fenómeno delictual desde un enfoque que integre tanto el trasfondo social como la psicología de quienes delinquen, para comprender el fenómeno en su totalidad aparece relevante considerar las variables individuales, pues, si bien el individuo es un producto de la influencia ambiental, no deja por eso de ser alguien diferente del resto, con motivaciones propias y peculiares.
Por ello, para avanzar en la disminución de la delincuencia es necesario conocer las motivaciones o el funcionamiento particular del individuo que comete este tipo de actos para poder así intervenir en el diagnóstico y prevención de este fenómeno. Así, desde la psicología, tal como señala Romero (1999, citado en Sierra, Jiménez & Buela-Casal, 2006), la mayor parte de las explicaciones de la conducta criminal se ocupan de la criminalidad o tendencia a implicarse en actos delictivos.
Romero (1999, citado en Sierra et al., 2006) plantea que las principales corrientes de estudio sobre factores psicológicos explicativos de la conducta criminal se dividen en aquellas que destacan los factores de carácter psicosocial (influencia de los contextos de socialización) y aquellas que destacan las características más individuales. En esta segunda línea, las variables de personalidad más estudiadas como posibles predictoras de la conducta se dividen en una perspectiva temperamental y una corriente socio-cognitiva. En la primera se propone, entre otros aspectos, que las dificultades para reflexionar antes de actuar o para considerar las consecuencias negativas de la conducta ponen al individuo en riesgo de implicación delictiva. En el polo socio-cognitivo se han encontrado resultados contradictorios respecto de la relación entre autoestima y conducta antisocial, así como datos poco consistentes para explicar la relación que presenta con las habilidades sociales. Sin embargo, sí existe consenso para señalar que son múltiples los factores implicados en la conducta criminal y en la necesidad de estudiar los efectos moduladores (de interacción) entre diferentes factores (para una exposición completa y detallada del tema véase Romero & Luengo, 1999).
Dentro de la delincuencia violenta, destaca la de carácter sexual, por suponer un fuerte atropello a la libertad de las personas. Las agresiones sexuales constituyen un determinado tipo de parafilias conductas sexuales poco comunes o extrañas- que tienen la peculiaridad de suponer una transgresión del libre consentimiento de otra persona (Echeburúa, 1994). Según Barudy (1999), estos delitos constituyen un profundo y grave atentado a la integridad física o psicológica de las víctimas, comparable a una "tentativa de asesinato moral".
En la literatura el delito sexual es asociado a características psicológicas, en contraposición a las explicaciones más ambientalistas y sociológicas de la delincuencia común, en el sentido que esta última supone un beneficio económico y material para el delincuente (Garrido, 1993). Para conocer el perfil de los delincuentes sexuales, la investigación psicológica ha permitido obtener información valiosa sobre su personalidad, aumentando la comprensión del fenómeno de la delincuencia sexual y las posibilidades de intervención sobre el mismo.
A partir del estudio de la delincuencia sexual, autores como Echeburúa y Guerricaechevarría (2000), Barudy (1999) y Garrido (1993) describen al delincuente sexual como mayormente de sexo masculino (asociado al mayor impulso sexual y componente agresivo presente en los varones), con trastornos de la identidad, la autoestima y las capacidades para establecer y mantener relaciones interpersonales. Señalan, además, que este aparece inseguro, inmaduro, poco asertivo y con baja capacidad empática, con baja disposición para ajustarse a las normas y con una marcada tendencia a la distorsión. Diversos autores consideran a esta última como una de las características más importantes en los delincuentes sexuales. Esta característica daría cuenta de un estilo de funcionamiento en que la persona se crea una idea, se forma una opinión sobre lo que desearía que pasara y actúa como si fuera a ocurrir de verdad, sin considerar las probabilidades reales, ignorando las reglas sociales y siguiendo sus propios criterios, lo que potencia la falta de respeto por los derechos y sentimientos de los demás.
Beneyto y Garrido (1997) señalan, además, que la conducta delictiva sexual suele manifestarse junto a dificultades para establecer relaciones íntimas, emocionales y sexuales. Describen al delincuente sexual como una persona que experimenta impotencia y falta de asertividad con las mujeres, junto a un déficit en el control de su impulso sexual.
Basándose en las características observadas en los delincuentes sexuales, varios autores han formulado distintas tipologías que agruparían a los agresores sexuales dependiendo del tipo de agresión sexual, de la víctima, de la relación existente con esta y de los mecanismos psicológicos a la base de dicha conducta (Calderón, Duguet, Espinoza & Fuentealba, 2001).
Gómez (1999) señala que se pueden clasificar los agresores sexuales en cuatro grupos en función del tipo de víctima: (1) agresores sexuales en ámbito familiar, (2) agresores sexuales a desconocidas, (3) agresores sexuales a conocidas y (4) agresores sexuales a menores.
El grupo perteneciente a los agresores sexuales en ámbito familiar utiliza la confianza puesta en ellos para actuar; son agresores posesivos que utilizan el miedo para paralizar a la víctima y manifiestan un bajo nivel de autoestima.
En el grupo de agresión a desconocidas, la agresión tiene un móvil puramente agresivo y no sexual. Las principales características personales del agresor dan cuenta de pobres habilidades sociales, gran inmadurez afectiva y bajo nivel de autoestima.
El tercer grupo, agresores sexuales que han establecido una corta relación previa de tipo amistoso con la víctima, suele tener un desarrollo socializador precario, con escasos recursos personales y bajo nivel de autocontrol.
Especial mención hace Gómez (1999) a las agresiones sexuales a menores, señalando que en estos casos analizar a los agresores es muy difícil ya que estos no aceptan su autoría, dificultando efectuar una historia de la conducta problema; de los limitados datos obtenidos, deduce que el agresor considera que la relación con el menor es solo una demostración de afecto. Al tener graves dificultades de relación afectiva y sexual con los adultos, este agresor recurre a los menores sobre los que puede actuar mediante su superioridad, con lo que muestra una personalidad inmadura, desequilibrio afectivo, déficit en habilidades sociales y dificultades para establecer vínculos afectivos estables.
En todos los casos de agresores sexuales, Gómez (1999) sostiene que es posible realizar tratamiento psicológico para producir una mejoría en su estabilidad psíquica, considerando que si el agresor posee recursos intelectuales y culturales más elevados, es capaz de modificar los criterios alterados a nivel cognitivo, si bien el cambio a nivel emocional y comportamental es más difícil. A medida que desciende el nivel de recursos del agresor existe más resistencia a una modificación, aunque solo sea a nivel cognitivo, de las ideas que rigen su concepto de los roles masculino y femenino.
Debido a su escasez de recursos, el pensamiento de estos individuos es más rígido y estereotipado que lo normal. Su resistencia al cambio se fundamenta en la imposibilidad de hacer un análisis racional de los principios que han motivado la oposición y persistencia de dichas ideas.
Prevalencia de la Delincuencia Sexual
Según estadísticas entregadas por Gendarmería de Chile (Región de la Araucanía), se encontró que los delitos sexuales corresponden a un 17,3% del total de los procesados ingresados desde Diciembre de 1999 a Mayo del 2000.
Cifras recogidas en la Región de la Araucanía indican que la violación es más frecuente en niñas menores de 18 años, representando estas a un 45% de las víctimas. En cuanto a los agresores, el 59% son adultos, de los cuales la mitad tiene educación básica y solo un 13% de ellos llega a ser detenido. La sodomía afecta a menores de edad en el 57% de las denuncias, siendo el autor, en un 42% de los casos, un adulto; solo un 14% queda en calidad de detenido. Por su parte, el incesto tiene un 50% de víctimas mujeres, casi en su mayoría menores (33%) y su agresor es en un 50% varón, alcanzando un 33% la educación básica, no teniéndose registros de detenidos (Hermosilla, 1997).
En Chile, en los registros a Diciembre del 2001 los delincuentes sexuales representaban el 7,5% de los 20.568 encarcelados (Gendarmería de Chile, 2001). Se señala que los delitos sexuales son los que más cifras negras ocultan. La incertidumbre respecto a la cantidad de casos, se debe, en parte, a que no existe un registro unificado de información (Bravo, 1982). No obstante, en los últimos años, las denuncias por delitos sexuales han ido aumentando (Montoya, Díaz, Reyes, Abusleme & Garrido, 2004). En el año 2006 hubo 15.209 casos de delitos sexuales denunciados en Chile, de los cuales el 61,4% tuvo como víctima a un menor de edad. El mayor número de víctimas estuvo en el rango etario de 7 a 14 años (4.446), seguido de los adolescentes de 14 a 18 años (3.757) y de menores de 7 años (2.234). Respecto del género, las estadísticas indican una relación de cuatro mujeres por cada hombre víctima de delitos de este tipo. Además, de acuerdo a las estadísticas de victimización, un 75% de los agresores corresponde a personas cercanas a la víctima, encabezando el estado de parentesco el padre biológico de la víctima, seguido por el padrastro (La Nación, 2007, Agosto 9).
Las etapas del desarrollo según Sigmund Freud
Las etapas de Sigmund Freud.

Sigmund Freud, dividió las etapas del desarrollo del niño, para explicar su desarrollo emocional, y sus reflejos en el futuro, Freud, le llamo a estas etapas, etapas psicosexuales, ya que les asigna un papel importante a los instintos sexuales para su desarrollo.

El desarrollo de la personalidad, consiste en el despliegue de estas etapas.

Las etapas son las siguientes:

-La etapa oral:

Esta etapa se da en niños, en su primer año de vida, ya que todo lo que vean y tengan a la mano, se lo llevaran a la boca, para descubrir de que est ahecho y sentir por primera vez algo que les haga sentir bien, cuando los niños son reprimidos al hacer esto o cualquiera de las etapas, es cuando en un futuro empiezan a tener los resultados de estos momentos de represión por los padres, según Freud.

Los tipos de carácter oral experimentan trastornos en el recibir y el tomar.El recibir fallido, o sea que esta conducta se reprima, la oral, puede tomar la forma de dependencia pasiva, mientras que el tomar fallido, de igual manera, estando reprimida, resulta en manipulatividad, envidia y avaricia.

-La etapa anal:

La etapa anal es a partir de los 18 meses hasta la edad de los 3 años y medio, esta etapa se caracteriza por el aprendizaje de saber desprenderse de las cosas, y la posesión de las mismas.

esta etapa es importante porque aquí es cuando se comienza a tener conocimiento de cómo se controlan los esfínteres, de igual manera como la pasada y las otras etapas restantes, no deben de ser reprimidas ya que, según Freud, esto limitara el desarrollo emocional del niño en una edad más avanzada, o durante su crecimiento.

-La etapa fálica:

Esta etapa se desarrolla a la edad alrededor de los 3 a 5-6 años, y es cuando el niño descubre que tiene partes del cuerpo que son diferentes a los de los demás, y cuando descubre que puede sentir placer con los mismos, de esta etapa se pueden desprender dos complejos, el de Edipo y el de Electra.

Complejo de Edipo:

-Es tomado del mito griego de Edipo Rey, en el que Edipo mata a su padre, y se casa con su madre, esto se debe a la atracción que existe en el niño por su madre , en la etapa fálica, en esta etapa el padre es visto , como un rival, en el cariño de su madre.

Si esta etapa es desarrollada de una manera natural, el niño pierde la atracción sexual por su madre, y entonces adquiere la masculinidad, de su padre, si esto no sucede entonces tiene una conciencia atrofiada, que hace que tenga una actitud arrogante hacia las mujeres, según los estudios de Freud.


Complejo de Electra:

-Es una etapa parecida a la del niño, con el complejo de Edipo, solo que con la diferencia de que es en la niña, esta niña ve a su padre, sobrevalorado, es decir, no hay nadie mejor que él , y ve a su madre, como una rival.

Se dice que si esta etapa fue desarrollada naturalmente, la niña no tendrá ningún problema para entablar relaciones que sean altaneras, será debidamente modesta, es decir, alcanzará un equilibrio.


-La etapa de latencia:

Esta etapa se da entre los 6 años y los 12; es una que no es muy específica, pero si es importante, ya que en este momento es cuando se quedan guardados ya todos los sentimientos, pensamientos, creencias en uno, es cuando se forma la personalidad.


-La etapa genital:

Esta etapa, puede crear confusión en el hecho de tratarse de los órganos genitales, igual que la fálica, pero cabe recalcar que es diferente ya que la fálica era egocéntrica, es con uno mismo, y en esta etapa es cuando se termina de formar la personalidad, y entonces es cuando ya no busca el placer en el mismo, sino que ya se vuelve heterosexual, y entonces obtener placer de otras maneras.

Éstas son las etapas que forman la personalidad de un individuo según Sigmund Freud, y como podemos ver, se centra principalmente en el desarrollo de las pulsiones que tiene el sujeto en cuestión y los instintos sexuales del mismo , desarrollando asi una conducta coherente a como fue reprimido o permitido por sus padres.
Descripción: https://fbcdn-sphotos-a-a.akamaihd.net/hphotos-ak-xfa1/v/t1.0-9/1555398_616516681747642_1726489852_n.jpg?oh=49006fa1be70b1e5f000307d2b01ba92&oe=55AA91C8&__gda__=1437599231_1d6d8cb5cfa2fe0f6eeb63821fa1cbe0

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